LA EDUCACIÓN COMO CAMPO DE
BATALLA.
Por: Hernán Borghi
La educación es un terreno en tensión, un campo en disputa. Lo que no se tracciona y no se disputa, se
cede, se pierde. ¿Cuánto estamos dispuesto a ceder o a perder?
Perder o ganar este espacio es perder o ganar un
aparato reproductor y/o transformador, porque es innegable, el poder que implica la
educación. Aún hoy es un dispositivo que goza de legitimidad y de eficacia,
con un poder asombroso de
masificar políticas. La “capilaridad”[1]
del sistema, tal vez sea la base
perfecta para implementar ideologías políticas
sociales o económicas a favor o en contra de las mayorías, también para el beneficio de una minoría que lo quiere todo y más, y esto lo transforma en un campo de batalla entre
modelos e intereses en disputa, en él, se traccionan proyectos presentes y futuros
del país y la sociedad que quieren y queremos heredar.
Quien se mueva en este campo debe posicionarse, es necesario e indispensable, porque no es un campo neutral, "La educación es siempre un quehacer político"( Paulo Freire), nuestras
acciones u omisiones, son actos políticos consientes o inconscientes que
inclinan la balanza, que producen tensión, que ganan terreno o ceden espacios.
Habitar la escuela no solo es estar, sino que es darle sentido al estar, es un estar activo y
comprometido donde se construye poder y autoridad legítima, “poder y autoridad”
en juego y en disputa entre actores tangibles e intangibles, acciones e ideas que
emergen a cada momento e irrumpen en la escena para disputar la batalla.
Por eso posicionarse es defender nuestros intereses y
para los que dirigimos nuestra acción. En el campo hay voces acalladas, gritos silenciosos y presencias invisibles, la acción que debemos hacer es que se
escuchen, que dialoguen las diferencias y que los invisibles se vean. Configurar y reconfigurar el campo "común" de
la educación para que no sea un espacio de privilegios, sino un terreno fértil de derechos donde no se naturalice la injusticia social y la
desigualdad.
La falsa neutralidad o la omisión es funcional a la derecha neoliberal que avanza sin cesar y puja por imponer la lógica de mercado, la meritocracia, la competencia, el liderazgo, el emprendedorismo a costa de segregación y la exclusión como modos de imponer e instalar sus intereses.
La derecha neoliberal y ahora libertaria usa toda la batería de recursos disponibles, desde los organismos internacionales (ONU, FMI, BM, BID, OIT, OCDE) hasta ONG´S y Fundaciones como punta de lanza en la batalla para convertir a la educación en un "bien de mercado", nos inundan el campo de la educación con terminología capitalista y economicista, vacían de sentido los saberes históricamente y colectivamente construido, desplazan el concepto de "educación para la vida" por educación por "competencias y habilidades para la vida", en definitiva proponen formar mano de obra servil, descartable y desclasada, vienen por nuestras conquistas laborales, por nuestros derechos, vienen por la flexibilización y la precarización laboral, por esto y mucho más “si el pueblo fuera feliz y la patria grande, disputarle la educación a la derecha, sería un derecho. En nuestros días, disputarle la educación a la derecha es un DEBER”.
[1] Capilaridad:
Fenómeno por el cual un líquido se desplaza a través de materiales porosos
ascendiendo por el interior del mismo como resultado de la tensión superficial.
