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miércoles, 2 de junio de 2021

 


LA EDUCACIÓN COMO CAMPO DE BATALLA.

Por: Hernán Borghi

La educación es un terreno en tensión, un campo en disputa. Lo que no se tracciona y no se disputa, se cede, se pierde. ¿Cuánto estamos dispuesto a ceder o a perder?

Perder o ganar este espacio es perder o ganar un aparato reproductor y/o transformador,  porque es innegable, el poder que implica la educación. Aún hoy es un dispositivo que goza de legitimidad  y de eficacia,  con un  poder asombroso de masificar políticas.  La “capilaridad”[1] del sistema, tal vez sea  la base perfecta  para implementar ideologías políticas sociales o económicas a favor o en contra de las mayorías, también para el beneficio de una minoría que lo quiere todo y más,  y esto  lo transforma en un campo de batalla entre modelos e intereses en disputa, en él,  se traccionan proyectos presentes y futuros del país y la sociedad que quieren y queremos heredar.

Quien se mueva  en este campo debe posicionarse,  es necesario e indispensable,  porque no es un campo neutral, "La educación es siempre un quehacer político"( Paulo Freire), nuestras acciones u omisiones,  son actos políticos consientes o inconscientes que inclinan la balanza, que producen tensión, que ganan terreno o ceden espacios. Habitar la escuela no solo es estar, sino que es  darle sentido al estar, es un estar activo y comprometido donde  se  construye  poder y autoridad legítima, “poder y autoridad” en juego y en disputa entre actores tangibles e intangibles, acciones e ideas que emergen a cada momento e irrumpen en la escena para disputar la batalla. 

Por eso posicionarse es defender nuestros intereses y para los que dirigimos nuestra acción. En el campo  hay voces acalladas, gritos silenciosos y presencias invisibles, la acción  que debemos hacer es que se escuchen, que dialoguen las diferencias  y que  los invisibles se vean.  Configurar y reconfigurar el campo "común" de la educación para que no sea un espacio de privilegios,  sino un terreno fértil de derechos donde   no se  naturalice la injusticia social y la desigualdad. 

La falsa neutralidad o la omisión es funcional a la derecha neoliberal que avanza sin cesar y puja por imponer la lógica de mercado, la meritocracia, la competencia, el liderazgo, el emprendedorismo a costa de  segregación y  la exclusión como modos de imponer e instalar sus intereses. 

La derecha neoliberal y ahora libertaria usa toda la batería de recursos disponibles, desde los organismos internacionales (ONU, FMI, BM, BID, OIT, OCDE) hasta ONG´S y Fundaciones como punta de lanza en la batalla para convertir a la educación en un "bien de mercado", nos  inundan el campo de la educación con terminología capitalista y economicista, vacían de sentido los saberes históricamente y colectivamente construido,  desplazan el concepto de "educación para la vida" por educación por "competencias y habilidades para la vida", en definitiva proponen formar mano de obra servil, descartable y desclasada, vienen por nuestras conquistas laborales, por nuestros derechos, vienen por la flexibilización y la precarización laboral, por esto y mucho más   “si el pueblo fuera feliz y la patria grande, disputarle  la educación a la derecha, sería un derecho. En nuestros días, disputarle la educación a la derecha es un DEBER”.



[1] Capilaridad: Fenómeno por el cual un líquido se desplaza a través de materiales porosos ascendiendo por el interior del mismo como resultado de la tensión superficial.