jueves, 3 de junio de 2021

 

LA EDUCACIÓN EN PANDEMIA

Por: Hernán Borghi

 

Desde la irrupción del Covid-19 en nuestras vidas, todo cambio, absolutamente todo. No solo nuestras formas de relacionarnos, hábitos y costumbres, también nuestra percepción del mundo y de las cosas que nos rodean. La pandemia nos obligó de un día para otro a situarnos en un espacio desconocido y en otras condiciones. El Covid-19  nos cambió la cancha y las reglas del juego mientras estábamos adentro y en pleno partido.

Para la educación  enseñar y aprender en este contexto fue el gran desafío que inicio en el 2020 y hasta hoy,  no hay certezas de cuando termina este “juego”,  pero ante las incertidumbres hay dos opciones, quedarse inmóvil o avanzar y reinventarse.

La escuela, las comunidades  y el Estado avanzaron.  En las Escuelas en primera línea se pusieron los y las trabajadoras de la educación para   afrontar esta nueva coyuntura, sabiendo que  necesitaban creer que se abría un abanico de posibilidades y oportunidades para la educación, como así también de las dificultades que sortear.

En este camino, las Comunidades con la Escuela y el Estado fueron  aprendiendo, resignificando/se, revalorando y evidenciando algunas cosas. Por ejemplo,  la revalorización de la escuela como espacio único e inigualable para el encuentro y la socialización, así como para la contención alimentaria,  ya que fue desde donde el Estado contuvo y evitó una crisis mayor. En el caso de la Prov. de Buenos Aires triplicó la inversión y universalizando las raciones alimentarias.

El cierre de las aulas físicas (presencialidad) pasaron  a aula remota (virtual en lo mejor de los casos), esto rompió con la organización cotidiana de las familias y puso de relieve la importancia social de la escuela, no solo en el proceso de enseñanza y aprendizaje,  sino como dispositivo de contención y cuidado de las infancias y juventudes, también evidencio una vez más la multifuncionalidad de la Escuela cuando hay un Estado presente.

En medio de esta crisis sanitaria, económica y social, se destacó el trabajo llevado adelante por los trabajadores de la educación. La tarea docente no pudo ser reemplazado por ninguna tecnología, ni voluntariado, tampoco fue necesario ser acompañado por un “joven emprendedor con liderazgo” (tendencias mercantilizantes de las políticas neoliberales) La docencia se reinvento en su práctica y actuó en consecuencia, con sensibilidad y comprensión. La acción, el compromiso, la especificidad, la utilidad y la complejidad de su tarea lograron dar continuidad educativa en la adversidad y puso a la luz    la revaloración y relevancia  del trabajo docente.

La escuela y los docentes fueron y son,  la presencia del Estado en cada barrio, desde ahí, con instituciones  y agentes,  el Estado estuvo más presente que nunca. Esta presencia en un contexto tan particular como el que nos toca vivir, con  la escuela y los docentes lograron  la  revinculación  de la familia y la  escuela, esta revinculación se asentó  sobre la base de reconocernos en una nueva realidad. Realidad que las escuelas y los docentes acompañan y  ayudan a entender y sobrellevar en la adversidad de los tiempos que corren.

Toda crisis implica rupturas y continuidades, tensión entre lo viejo y lo nuevo. En esta ocasión lo viejo obtura, representa un impedimento o dificultad para seguir avanzando. Lo viejo que hasta ayer era “normal” y “común” hoy deja en evidencia falencias o debilidades del sistema ante lo nuevo que irrumpe y se impone.

Es el caso de la  precariedad en la infraestructura escolar que dejó en evidencia la baja financiación presupuestaria que se destina a tal fin. Hasta ayer nomas, era “normal y común” las aulas de 45 pibes/pibas. Espacios  con escasa o nula ventilación, escuelas con falta de agua potable que eran reemplazadas por bidones, con baños clausurados, pozos desbordados, filtraciones y cientos de problemas más. Problemas que eran abordados con soluciones precarias “parches” sobre “parches”,  hoy y en este contexto,  los “parches” obturan el derecho a enseñar y aprender, los “parches” generan mayor desigualdad e injusticia. Hoy sabemos que los “parches” matan y que lo único que salva es la inversión.

La pandemia no vino a hacernos ni mejores o peores, la pandemia vino a mostrarnos las caras ocultas de la desigualdad, de la pobreza y la vulnerabilidad.  A refregarnos  las deudas pendientes de la democracia,  a mostrarnos la cara de un capitalismo cruel y salvaje. Una de esas desigualdades  es la enorme brecha digital que   separa a un sector del otro de forma cruel y  abismal, se calcula que más del 60% de los estudiantes argentinos no tiene acceso a dispositivos e internet.  No es sólo el escaso acceso a dispositivos tecnológicos e internet, es a quiénes se excluye. Son los pibes  y las pibas más vulnerables,  de escasos recursos, y quienes más lo necesitan, ese es el verdadero problema.  Se trata de lo que implica el problema y lo que conlleva,  a la  obturación del derecho a la información y al acceso a la educación. Además,  es  la asimetría obscena y naturalizada entre sectores sociales lo que interpela a nuestro deseo de una  sociedad más justa y la escuela como igualadora. Mientras la desigualdad devela y pone en  evidencia el resultado de políticas de vaciamiento y desmantelamiento como el  programas de inclusión digital que se llevó adelante el gobierno neoliberal anterior.

Si algo tiene y puede dejarnos esta “nueva normalidad”, más allá de las oportunidades, es  re-pensar/nos y re-inventar/nos en modos y formatos escolares, en roles y responsabilidades individuales y colectivas, fortaleciendo los mejor de “nos-otros”,  a no naturalizar o normalizar lo cotidiano,  a dejar de ver/estar  y comenzar a mirar/sentir. Vino a poner en evidencia la privatización de la educación, la transferencia de recursos de algunos estados (ejemplo: CABA), los mismos bajo el concepto de “esencialidad disfrazada” priorizaron la presencialidad ante la vida para evitar la migración de la educación privada a la educación pública.   

La pandemia vino a decirnos que “solos” no podemos, que priorizando la economía tampoco y  que la salida es cooperativa, solidaria y colectiva, que esos son los valores que deben imperar en la educación y que es necesario un Estado Presente y una Comunidad participativa.

miércoles, 2 de junio de 2021

 


LA EDUCACIÓN COMO CAMPO DE BATALLA.

Por: Hernán Borghi

La educación es un terreno en tensión, un campo en disputa. Lo que no se tracciona y no se disputa, se cede, se pierde. ¿Cuánto estamos dispuesto a ceder o a perder?

Perder o ganar este espacio es perder o ganar un aparato reproductor y/o transformador,  porque es innegable, el poder que implica la educación. Aún hoy es un dispositivo que goza de legitimidad  y de eficacia,  con un  poder asombroso de masificar políticas.  La “capilaridad”[1] del sistema, tal vez sea  la base perfecta  para implementar ideologías políticas sociales o económicas a favor o en contra de las mayorías, también para el beneficio de una minoría que lo quiere todo y más,  y esto  lo transforma en un campo de batalla entre modelos e intereses en disputa, en él,  se traccionan proyectos presentes y futuros del país y la sociedad que quieren y queremos heredar.

Quien se mueva  en este campo debe posicionarse,  es necesario e indispensable,  porque no es un campo neutral, "La educación es siempre un quehacer político"( Paulo Freire), nuestras acciones u omisiones,  son actos políticos consientes o inconscientes que inclinan la balanza, que producen tensión, que ganan terreno o ceden espacios. Habitar la escuela no solo es estar, sino que es  darle sentido al estar, es un estar activo y comprometido donde  se  construye  poder y autoridad legítima, “poder y autoridad” en juego y en disputa entre actores tangibles e intangibles, acciones e ideas que emergen a cada momento e irrumpen en la escena para disputar la batalla. 

Por eso posicionarse es defender nuestros intereses y para los que dirigimos nuestra acción. En el campo  hay voces acalladas, gritos silenciosos y presencias invisibles, la acción  que debemos hacer es que se escuchen, que dialoguen las diferencias  y que  los invisibles se vean.  Configurar y reconfigurar el campo "común" de la educación para que no sea un espacio de privilegios,  sino un terreno fértil de derechos donde   no se  naturalice la injusticia social y la desigualdad. 

La falsa neutralidad o la omisión es funcional a la derecha neoliberal que avanza sin cesar y puja por imponer la lógica de mercado, la meritocracia, la competencia, el liderazgo, el emprendedorismo a costa de  segregación y  la exclusión como modos de imponer e instalar sus intereses. 

La derecha neoliberal y ahora libertaria usa toda la batería de recursos disponibles, desde los organismos internacionales (ONU, FMI, BM, BID, OIT, OCDE) hasta ONG´S y Fundaciones como punta de lanza en la batalla para convertir a la educación en un "bien de mercado", nos  inundan el campo de la educación con terminología capitalista y economicista, vacían de sentido los saberes históricamente y colectivamente construido,  desplazan el concepto de "educación para la vida" por educación por "competencias y habilidades para la vida", en definitiva proponen formar mano de obra servil, descartable y desclasada, vienen por nuestras conquistas laborales, por nuestros derechos, vienen por la flexibilización y la precarización laboral, por esto y mucho más   “si el pueblo fuera feliz y la patria grande, disputarle  la educación a la derecha, sería un derecho. En nuestros días, disputarle la educación a la derecha es un DEBER”.



[1] Capilaridad: Fenómeno por el cual un líquido se desplaza a través de materiales porosos ascendiendo por el interior del mismo como resultado de la tensión superficial.