LA EDUCACIÓN EN PANDEMIA
Por: Hernán
Borghi
Desde la irrupción
del Covid-19 en nuestras vidas, todo cambio, absolutamente todo. No solo
nuestras formas de relacionarnos, hábitos y costumbres, también nuestra percepción
del mundo y de las cosas que nos rodean. La pandemia nos obligó de un día para
otro a situarnos en un espacio desconocido y en otras condiciones. El Covid-19 nos cambió la cancha y las reglas del juego
mientras estábamos adentro y en pleno partido.
Para la educación
enseñar y aprender en este contexto fue el gran desafío que inicio en el
2020 y hasta hoy, no hay certezas de
cuando termina este “juego”, pero ante
las incertidumbres hay dos opciones, quedarse inmóvil o avanzar y reinventarse.
La escuela, las comunidades y el Estado avanzaron. En las Escuelas en primera línea se pusieron
los y las trabajadoras de la educación para afrontar
esta nueva coyuntura, sabiendo que necesitaban
creer que se abría un abanico de posibilidades y oportunidades para la
educación, como así también de las dificultades que sortear.
En este camino, las Comunidades con la Escuela y el
Estado fueron aprendiendo,
resignificando/se, revalorando y evidenciando algunas cosas. Por ejemplo, la revalorización
de la escuela como espacio único e inigualable para el encuentro y la
socialización, así como para la contención alimentaria, ya que fue desde donde el Estado contuvo y evitó
una crisis mayor. En el caso de la Prov. de Buenos Aires triplicó la inversión
y universalizando las raciones alimentarias.
El cierre de las aulas físicas (presencialidad)
pasaron a aula remota (virtual en lo
mejor de los casos), esto rompió con la organización cotidiana de las familias
y puso de relieve la importancia social
de la escuela, no solo en el proceso de enseñanza y aprendizaje, sino como dispositivo de contención y cuidado
de las infancias y juventudes, también evidencio una vez más la multifuncionalidad de la Escuela cuando
hay un Estado presente.
En medio de esta crisis sanitaria, económica y
social, se destacó el trabajo
llevado adelante por los trabajadores de la educación. La tarea docente no pudo
ser reemplazado por ninguna tecnología, ni voluntariado, tampoco fue necesario
ser acompañado por un “joven emprendedor con liderazgo” (tendencias
mercantilizantes de las políticas neoliberales) La docencia se reinvento en su
práctica y actuó en consecuencia, con sensibilidad y comprensión. La acción, el
compromiso, la especificidad, la utilidad y la complejidad de su tarea lograron
dar continuidad educativa en la adversidad y puso a la luz la revaloración
y relevancia del trabajo docente.
La escuela y los docentes fueron y son, la presencia del Estado en cada barrio, desde ahí,
con instituciones y agentes, el Estado estuvo más presente que nunca. Esta
presencia en un contexto tan particular como el que nos toca vivir, con la escuela y los docentes lograron la revinculación de la familia y la escuela, esta revinculación se asentó sobre la base de reconocernos en una nueva
realidad. Realidad que las escuelas y los docentes acompañan y ayudan a entender y sobrellevar en la
adversidad de los tiempos que corren.
Toda crisis implica rupturas y continuidades,
tensión entre lo viejo y lo nuevo. En esta ocasión lo viejo obtura, representa
un impedimento o dificultad para seguir avanzando. Lo viejo que hasta ayer era “normal”
y “común” hoy deja en evidencia falencias o debilidades del sistema ante lo
nuevo que irrumpe y se impone.
Es el caso de la precariedad
en la infraestructura escolar que dejó en evidencia la baja financiación
presupuestaria que se destina a tal fin. Hasta ayer nomas, era “normal y común”
las aulas de 45 pibes/pibas. Espacios con escasa o nula ventilación, escuelas con
falta de agua potable que eran reemplazadas por bidones, con baños clausurados,
pozos desbordados, filtraciones y cientos de problemas más. Problemas que eran
abordados con soluciones precarias “parches” sobre “parches”, hoy y en este contexto, los “parches” obturan el derecho a enseñar y
aprender, los “parches” generan mayor desigualdad e injusticia. Hoy sabemos que
los “parches” matan y que lo único que salva es la inversión.
La pandemia no vino a hacernos ni mejores o peores,
la pandemia vino a mostrarnos las caras ocultas de la desigualdad, de la
pobreza y la vulnerabilidad. A
refregarnos las deudas pendientes de la
democracia, a mostrarnos la cara de un
capitalismo cruel y salvaje. Una de esas desigualdades es la enorme
brecha digital que separa a
un sector del otro de forma cruel y abismal,
se calcula que más del 60% de los estudiantes argentinos no tiene acceso a dispositivos
e internet. No es sólo el escaso acceso a dispositivos
tecnológicos e internet, es a quiénes se excluye. Son los pibes y las pibas más vulnerables, de escasos recursos, y quienes más lo
necesitan, ese es el verdadero problema. Se trata de lo que implica el problema y lo que
conlleva, a la obturación del derecho a la información y al
acceso a la educación. Además, es la asimetría
obscena y naturalizada entre sectores sociales lo que interpela a nuestro
deseo de una sociedad más justa y la
escuela como igualadora. Mientras la desigualdad devela y pone en evidencia el resultado de políticas de vaciamiento
y desmantelamiento como el programas de
inclusión digital que se llevó adelante el gobierno neoliberal anterior.
Si algo tiene y puede dejarnos esta “nueva
normalidad”, más allá de las oportunidades, es re-pensar/nos y re-inventar/nos en modos y
formatos escolares, en roles y responsabilidades individuales y colectivas,
fortaleciendo los mejor de “nos-otros”, a
no naturalizar o normalizar lo cotidiano, a dejar de ver/estar y comenzar a mirar/sentir. Vino a poner en
evidencia la privatización de la
educación, la transferencia de recursos de algunos estados (ejemplo: CABA),
los mismos bajo el concepto de “esencialidad
disfrazada” priorizaron la presencialidad ante la vida para evitar la migración
de la educación privada a la educación pública.
La pandemia vino a decirnos que “solos” no podemos,
que priorizando la economía tampoco y que la
salida es cooperativa, solidaria y colectiva, que esos son los valores que
deben imperar en la educación y que es necesario un Estado Presente y una
Comunidad participativa.
